Juego Online Legend Of Mir 3

Sabuk y el ZumaTaurus – Wongfey

La historia que os voy a narrar aconteció hace ya mucho tiempo, sabed amigos míos que nos encontramos en la Era de la Magia y esto que os cuento sucedió varios eones atrás en el tiempo, más concretamente en la época que conocemos como la Era del Poder.
El equilibrio que hoy se conoce no existía en aquella época y el MIR era un caos donde demonios y nigromantes pervertían el universo a su antojo.

Sucedió que uno de los hechiceros más poderosos que había decidió que su inmenso poder le hacía merecedor de ser el señor absoluto del universo conocido y desde su fortaleza empezó a enviar hordas de demonios a arrasar la tierra y a fraguar el plan definitivo para apoderarse del mundo.

Esto pronto llego a oídos de la Orden Taoiísta, sabios estudiosos con gran poder pero sin ansias de conquista ni riquezas. Reunieron un gran ejército con el fin de derrotar al ruin nigromante.

Los ejércitos formados por guerreros, taoístas y magos del bien fueron derrotando a todas las bestias que había invocado el malvado con su magia, hasta hacer que este retirara de nuevo sus huestes al interior de su fortaleza.

Fue entonces cuando emplazaron un campamento en los alrededores de la fortaleza y se prepararon para lanzar un último ataque, el ataque definitivo contra el hechicero.

Mientras tanto, sabiendo que no podría derrotar solo a los ejércitos del bien, fue aún más lejos en sus perversiones, realizo la invocación prohibida, se unió en cuerpo y espíritu a un poderoso demonio adoptando una apariencia tan aterradora que hasta los más valientes sentían desfallecer sus fuerzas al contemplarla.

Pero, de nuevo un exceso de vanidad acaba con un malvado ser, el que en su día había sido un humano, ahora convertido en un demonio estaba seguro de que bajo esa forma era inmortal, y que como tal, no podía ser derrotado, por ese motivo bajo la guardia y en ese momento un pequeño grupo de valientes consiguió acceder al interior de la fortaleza.

Terrible fue la batalla que se libró, pero, al final, un poderoso representante de cada una de las tres órdenes consiguió llegar hasta el corazón mismo del refugio del ser, encarándose así con el monstruo.

Conocedores de que no tenían suficiente poder para destruirle, el guerrero y el mago unidos lanzaron un poderoso hechizo paralizando por un instante a la bestia, eso fue suficiente, el taoísta invoco entonces todo su poder y lanzó una maldición sobre el demonio, así, de ese modo, consiguieron recluirle en una estatua de piedra sobre un pedestal, allí continua, custodiado por terribles seres capaces de arrojar relámpagos con sus manos, fraguando su venganza, consciente en todo momento de lo que sucede a su alrededor y acumulando rabia y odio hacia las tres razas de los hombres.

Los supervivientes de tamaña hazaña regresaron maltrechos al campamento, dudando de que la maldición fuera permanente, ya que el poder del monstruo era inmenso realizaron un pacto.

Desde el día de hoy y hasta el fin de las eras, representantes de las tres órdenes, guerreros, magos y taoistas, permanecerán atentos y en guardia en este campamento.

Y así fue, con el tiempo al campamento se le puso un nombre, y gentes de todos los lugares acudían a el porque, entre otras cosas, allí reside el mejor de todos los artesanos del metal del mundo, capaz de potenciar el poder de cualquier arma si se le suministran los materiales adecuados para ello.

Como ya habréis adivinado, pues soy consciente de vuestra agudeza, el campamento lleva por nombre Sabuk y el demonio prisionero no es otro que el Zuma Taurus.

Aun guardo muchas historias, unas ciertas, otras inventadas, quien sabe, a lo mejor, pronto, muy pronto os relate otra, pero, hasta entonces, recordar esto que os digo.

Nadie puede ser poseedor de todo, la ambición por el poder y la codicia ha llevado a la destrucción a más seres de los que puedan ser contados, por eso aceptar el consejo que os da este viejo cronista:

Agradece lo que tienes, atesora tan solo el cariño de los que te quieren, no ambiciones más de lo que necesites, ya que cuando mueras nada has de llevarte contigo salvo la pena de los que te añoren.

© Wongfey