Juego Online Legend Of Mir 3

La Leyenda del Morrigan – Magic666

Hace mucho mucho tiempo, cerca de Sabuk Wall existió un guerrero franco-hispano llamado Conghad, normalmente le seguían un equipo de caza formado por otros cuatro nobles guerreros, dos magos y tres taoístas, eran imbatibles, implacables a la hora de lograr lo imposible, meticulosos en sus pasos y tremendamente humildes.

Todo y cuanto conseguían lo donaban a la pobreza si no lo necesitaban y visto que la gente de Sabuk Wall había abandonado la pobreza gracias a ellos, decidieron dar un paso más allá y abrieron un negocio de trabajos por encargo, donde la gente con problemas acudía allí y ellos los ayudaban, por un precio mínimo.

Los encargos iban desde eliminar una plaga de BugBats, hasta a dar caza a más de una EvilCobra que aparecía por los campos.

Una mañana, un señor de mediana edad, acudió a ellos solicitando un trabajo un tanto peculiar, su hijo había caído enfermo y necesitaba fabricar una poción, para ello necesitaba diversas plantas y sangre de una bruja, pero no de una cualquiera, sino que sangre de Morrigan, una de las Damas Negras que habitaban en Gold Palace…

Conghad, no pudo decirle que no a ese pobre hombre y convenció a sus compañeros.

El camino hasta Gold Palace fue un camino de rosas, los magos iban limpiando el camino, eliminando cualquier criatura que se les acercara, atravesaron la ventisca de Sacred Valley y llegaron a Gold Palace, donde ya habían estado en numerosas ocasiones.

El camino no fue muy difícil ya que eran muchos y se entendían a la perfección.

Conghad, que había estado callado durante todo el camino, algo muy difícil de conseguir, abrió la boca y dijo entre balbuceos:

-¿Poh donde tenemos que igh ahoga?

Un taoísta se giró y dijo:

-La guarida de Morrigan está en dirección noroeste, así que vamos allá.

-Venga pues a matagh el Moghighan! –dijo Conghad.

Llegaron sin dificultades a la guarida gracias a los poderes de ocultación de los tres taoístas, y decidieron entrar dentro.

Morrigan se encontraba descansando en su trono pero no tardo en percatarse de la presencia de los diez intrusos.

Les atacó con unas magias de repulsion que envió a todos menos a Conghad al suelo, Conghad estaba apoyado en la pared, cogiéndose de una gárgola para no salir despedido. La bruja se le acercó y le puso su putrefacta cara al lado de la de Conghad observándolo minuciosamente, igual que cuando una serpiente observa a su presa, antes de comérsela. En ese momento un frio invernal le subía por las piernas dejándolo inmóvil, ahí de pie, medio tumbado en la pared, con la bruja a su lado esperando el mejor momento para atacarle sin piedad.

Entonces Conghad, apoderado por el miedo, levantó su espada y de una estocada, limpia le cortó un buen mechón de cabello y le propició un corte profundo en la cara de la bruja, que gimió de manera insoportable.

El resto del grupo ya se había incorporado y hicieron un ataque conjunto donde la bruja Morrigan poco pudo hacer, los magos que se habían incorporado también, tenían un potencial demoledor, y los taoístas tenían un veneno que en más de una ocasión les habría valido para acabar con cualquier alimaña, pero el Morrigan era distinto, aunque en ese momento, apaleada por el grupo era cómo una muñeca de trapo en manos de una bestia. Quedó en el suelo, tambaleándose sin poder hacer nada más que lanzar sollozos.

Conghad viéndola ahí decidió darle el golpe de gracia y con una mirada fija, alzó su espada y gritó:

-Mueghe maldita Moghighaaaaan!!!

Y de un corte limpio, la cabeza de la bruja se separo de su cuerpo, llenando de sangre toda la guarida.

Todos cogieron un pequeño bote y lo llenaron con sangre ya que no sabían cuanta podría necesitar el hombre que les encargó matarla.

Al llegar a Sabuk, el hombre con los ojos llenos de lágrimas de alegría los recibió y cogió un bote de sangre y les dijo que con eso tendría más que suficiente.

El chico se curó y se interesó por sus salvadores, Conghad, habló con el chico sin dudarlo y decidió reclutarlo como estudiante, para que algún día ese niño que había salvado su vida, consiguiera salvar alguna otra vida.