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El Gran General y el Rey de los Muertos – Wongfey

Hace muchos años, antes incluso de la invasión de los Omas a Skelleton, existió un rey, mezquino y avaro que ansiaba poseer todo cuanto estuviera al alcance de su vista e incluso más, con la intención de conquistar los reinos colindantes al suyo armó un gran ejercito al frente del cual puso al más poderoso de los guerreros de su reino, un gigantesco hombre tan fuerte como sádico. El rey a pesar de ser un experto luchador jamás combatía, tan cobarde como mezquino no arriesgaba su vida mientras pudiera poner la de otros en su lugar, se limitaba a aguardar noticias sentado cómodamente en su lujoso trono.

Su ejército al mando del cruel general salía victorioso campaña tras campaña, los soldados espoleados por la recompensa ofrecida por sus servicios jamás desfallecían.

Estos soldados, reclutados a la fuerza iban a obtener como su recompensa el más preciado de los tesoros para el hombre, su libertad. El rey les había hecho la promesa de que después de diez años de servicio en sus huestes podrían volver con sus familias, el único que estaba en ese ejercito por propia voluntad y por el mero placer de luchar y matar era el general, tan poderoso como sanguinario, uno de sus pasatiempos favoritos consistía en coger grupos de prisioneros de guerra y armarlos para luchar contra ellos tan solo con sus manos desnudas, así en grupos de cinco iba enfrentándose a ellos y jamás le habían derrotado, todos los que se enfrentaban a él encontraban la muerte a sus manos, la palabra clemencia no existía en su diccionario.

El rey mientras tanto seguía los consejos de una bruja adivina, ésta, sin saberlo el malvado monarca, había sido madre de dos campesinos obligado a servir en su ejército y ambos habían muerto en una de las primeras batallas que libraron, de eso habían pasado ya dos años, durante ese tiempo la mujer había estado planeando su venganza, ganándose la confianza del rey y minando la que este tenía en su general.

Gracias a las hábiles palabras de la hechicera el gran general había pasado de ser “un inestimable aliado” según propias palabras del rey a ser “un asesino sanguinario que ansía mi trono”.

Nada más lejos de la realidad, la única ambición del brutal personaje era vivir y morir matando, no deseaba nada más en la vida. El rey manipulado sutilmente por la bruja empezó a elaborar un plan con el cual librarse del general, su obsesión había alcanzado un límite tal que veía al general asesinándole en sueños y a veces incluso despierto, el plan que sutilmente le propuso la bruja era muy simple, sabedor de que era tarea totalmente imposible la de asesinar a su general hizo llamar a éste para enviarle a una nueva misión, el general no sospechaba nada, porque iba a temer nada de su señor cuando él estaba consiguiendo la gloria de engrandecer su reino, cuando por fin llego a presencia de su rey esto fue lo que él le encomendó:

– Iras a la Skelleton Cave, allí en lo más profundo de la más profunda de sus cavernas se encuentra un objeto que ansío, consíguelo para mí y te cubriré de tantas riquezas como gloria has obtenido para mi reino.

-Pero mi señor – contesto el general- ¿de verdad consideráis necesario que sea yo en persona quien vaya a buscarlo?

Tenéis millares de hombres bajo vuestro mando, ¿tan importante es ese objeto que deseáis que sea el general de todos vuestros ejércitos quien os lo traiga?

El rey empezaba a impacientarse, no contaba con que el general cuestionara sus órdenes y no sabía cómo, ni que contestar a esa simple pregunta, afortunadamente para él la bruja que había permanecido en un segundo plano en todo momento intervino para decirle:

– Escuchad, oh poderoso guerrero, el objeto que está guardado en esa cueva es un cetro de formidable poder, aquel que lo empuña nota como su fuerza se ve incrementada por diez y es capaz de lanzar bolas de fuego con él, tan solo un hombre de vuestro valor y fortaleza es capaz de conseguir llevar a buen término esta misión y conseguir el cetro para nuestro amadísimo soberano, grandes peligros se encuentran en el interior de esas cuevas, el nombre de Cueva del Esqueleto no es un simple capricho, en la antigüedad un cruel ejercito asalto una ciudad de elfos al caer la noche y antes de que los pobladores alcanzaran a darse cuenta habían pasado a cuchillo a la mitad de sus habitantes secuestrando a la mayoría de las jóvenes doncellas elfas , luego se dirigieron a las montañas y se ocultaron en esas cuevas, lo que allí ocurrió es algo que no atrevo a nombrar, tan solo deciros que durante tres días y tres noches los gritos de las doncellas rasgaron el aire, tal fue el tormento al que fueron sometidas, en la noche del cuarto día, cuando los horribles hombres de ese ejercito descansaban un pequeño grupo de doncellas se separó de los soldados y lanzo un hechizo que dejo sepultados a todos ellos durante cien años, cuando los guerreros despertaron montaron en cólera y asesinaron a las doncellas, esto fue un alivio para ellas, ya que después de haber sido violadas y torturadas por cientos de hombres durante varios días tan solo ansiaban la muerte liberadora, todos y cada uno de ellos perecieron allí dentro, ahora los espíritus de las doncellas y los restos del ejercito vagan por las cuevas en busca de sangre fresca de la que alimentarse las unas y de nuevos soldados para su ejército de no muertos los otros.

-Maldita vieja, eso no son más que cuentos de viejas para asustar a los niños, no os aflijáis mi señor, si ese báculo es lo que ansiáis yo os lo traeré.

-¡Cuidado general!, el señor de esos ejércitos enterrados en vida es el dueño de ese báculo, él es el Skull Guardian, a él deberéis enfrentaros para arrebatárselo y no será tarea fácil, mucho cuidado.

Durante dos días y dos noches el general vago por aquellas cuevas malditas, acompañado al principio de cien de sus mejores hombres, pronto pudo comprobar que la historia relatada por la vieja vidente del rey era algo más que un cuento para niños, era algo terriblemente real, después de varios encuentros con las criaturas de las tinieblas que poblaban las cuevas tan solo él y quince de sus hombres quedaban con vida, cuando empezaba a desesperar la moral de sus hombres, alguno rozaba el límite de la locura y empezaba a desvariar, entonces lo encontraron, el general con todo su inmenso tamaño parecía un niño a su lado, se enfrentaron a él sobreponiéndose al pánico que su imagen infundía, uno tras otros fueron cayendo muertos y cuando todo parecía perdido ya que tan solo el general permanecía con vida, este consiguió aferrarse al báculo de poder que el monstruo esgrimía y pronuncio las palabras que la bruja le había dicho…

-El báculo en mi mano, el poder bajo mi mando, libera tu atormentada alma, ahora yo soy su amo, mío es ahora el poder, mía es ahora la fuerza.

Ante los asombrados ojos del general el increíble ser se relajó y dejo de luchar, en un instante su tamaño empezó a reducirse hasta alcanzar las proporciones de un ser humano normal, este espectro de lo que un día fue señor de guerreros le sonrió desde su descarnado rostro y le dijo:

– Gracias, durante más de doscientos años he permanecido aquí, siempre luchando, siempre guardando el martillo de los dioses, ahora tú serás el próximo guardián y mi alma por fin obtendrá el descanso, gracias de nuevo, adiós.

Nada más hubo acabado esa frase su cuerpo empezó a desaparecer ante el general al mismo tiempo que el crecía y crecía hasta tomar la forma del horrible ser al que minutos antes se había enfrentado, fue en ese momento cuando se dio cuenta de que le habían engañado, y en el preciso instante que comprendió que su alma había sido encadenada a aquel lugar y a aquel monstruoso cuerpo gritó, su grito hizo que temblaran todas las paredes de la cueva y algunos afirman que incluso llego a oídos del rey y su vidente, tras unos segundos, el general lanzó una terrible maldición:

-Mi señor, mi Rey, maldito seáis mil veces, que vuestra alma no encuentre descanso mientras la mía no halle la paz, que mi destino quede atado al vuestro y que los dioses permitan que alguna vez nos enfrentemos, ¿ me oyes bruja?, hazlo posible, concluye tu venganza otorgándome la mía.

Mientras tanto la bruja ya había dado comienzo a la segunda parte de su plan, la venganza contra el general había sido terrible y no menos terrible debía ser el destino del Rey.

El rey ya había alcanzado los límites de la locura, la bruja movía los hilos de su destino como quien mueve una marioneta, y en eso es en lo que se había convertido el rey en sus manos.

-¿Estas segura de que no puede salir de allí?

Le hacia esa pregunta a la bruja, esta contemplaba con regocijo interior lo que estaba sufriendo el monarca, este presentaba un aspecto lamentable, su rostro denotaba cansancio y tan pronto sonreía como estallaba en un gesto de insospechada furia, tenía frecuentes tics y el que más repetía era el de tironearse del cabello a la vez que hablaba, eso precisamente era lo que estaba haciendo en ese momento.

-Segura mi señor…. La verdad es que totalmente segura no puedo estar mi rey.

Disfrutaba aterrorizando al rey y este mostraba un pánico impresionante solo de pensar en la posibilidad de ver aparecer de nuevo a su antiguo general con la aviesa intención de matarle.

-Aunque hay una manera de que desterréis vuestros temores para siempre mi señor, aunque no sé si debería hablaros de ello ya que encierra un gran peligro.

– ¡Habla maldita sea!, nada puede ser peor que la incertidumbre en la que vivo.

Entonces la bruja le conto una antigua leyenda sobre dos espadas gemelas, unas espadas de increíble poder, con las que, una vez en sus manos, jamás podría ser derrotado, estas estaban hechas por los antiguos enanos y estaban encantadas, el guardamanos de las dos estaba curvado hacia abajo formando de nuevo otras dos hojas, esto hacia parecer que era una espada de tres hojas terriblemente mortal.

Le conto al rey que, antiguamente, cuando aconteció el secuestro de las doncellas elfas, la cueva del esqueleto era inmensa, en un lado de ella se encontraba el cetro que ahora obraba en manos de su general, ahora convertido en el Skull Guardian, en el otro lado, un lugar aún más oscuro que el anterior se encontraban ocultas esas dos espadas.

© Wongfey