Juego Online Legend Of Mir 3

La Carrera por la Vida – Atreides

Mientras escribo estas líneas se que detrás de las puertas del palacio de ZumaTemple hay un masa de bestias sedientas de nuestra sangre. Yo solo soy un simple campesino, pero por mi edad, creo que tengo 18 años, me dejan acompañar al ejército que defiende este palacio. He oído rumores que dicen que somos los últimos de nuestra especie y que si las bestias atraviesan las puertas y acaban con nosotros acabaran con toda la raza humana.

Desde que llegue a Sabuk huyendo de la desolación no he parado de tener miedo, he visto monstruos que mi imaginación nunca soñó ver y he sentido su aliento en mi cogote mientras huíamos de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, pensaba que al llegar a Sabuk, a la sombra de UnderWorld, estaríamos por fin a salvo, pero creo que no va a ser así, que al final moriré como han muerto ya tantos.

He decido ayudar en lo que sea, por que al darme cuenta de que voy a morir he perdido el miedo, no sabría muy bien como explicarlo, pero es así, de pronto he sido consciente de que iba a dejar este mundo con toda seguridad y es como si me hubiera vuelto invencible. Tiene gracia, un labrador que solo sabe manejar el azadón y me considero invencible, será que el miedo me ha vuelto loco y ahora no siento en mi corazón ningún temor. Bueno tampoco tengo mujer o hijos, y tal vez eso me hace sentirme algo más prescindible.

Sea como fuere estoy aquí juntos a un grupo de aldeanos de todas las comarcas del Mir empuñando una espada o cualquier otro objeto que puede ser llamado peligroso para la piel de esos terribles monstruos que gruñen detrás de la puerta.

Mi misión es encender las trampas de fuego que hemos ido creando desde la entrada del palacio hasta el laberinto que se encuentra en el nivel cinco del palacio, dicen que soy rápido, ya veremos. Hemos oído que por fin se ha hallado la clave para sortear las puertas que llevan al interior profundo del palacio y que los refugiados ya están siendo trasladados allí, bueno por lo menos podremos ganar tiempo, que es lo que nos han dicho que necesitamos, aunque no se para que, en fin ellos sabrán, aunque a mi me parece que eso no hará mas que retrasar nuestra agonía. He decidió firmemente ayudar en lo que pueda, así cuando muera los Dioses podrán estar orgullosos de mi.

BRUMMM, ha sonado un golpe fuerte en la puerta, y otro mas, parece que están intentando echarla abajo, en el momento que eso ocurra tengo que correr juntos con otros 3 compañeros a encender la primera zanja de fuego para retrasar el avance de las bestias y volver a la primera línea de defensa. BRUMMM, otro golpe más, no creo que la puerta aguante mucho.

Parece que esta cediendo definitivamente y pronto estarán dentro, me voy a preparar para cumplir con mi misión y espero que pueda seguir contando lo que ocurre, sino escribo mas y tu eres un lector anónimo que ve morir estas líneas en este punto será que yo he muerto con ellas……

Sherpa, Kyo y su grupo de elegidos habían llegado a Womyoon, la ciudad estaba arrasada, como todos los pueblos y ciudades que habían atravesado, y los campos de cultivos y cualquier otra cosa que hubiese sido creado por la mano humana. Había cadáveres por todos los sitios por donde habían cabalgado, tanto de seres humanos como de animales, también había cadáveres de las bestias que habían sucumbido ante el ardor de campesinos, soldados o guardias. El hedor, allá por donde pasaran, era insoportable. Pero no había tiempo para enterrar ni honrar a los muertos. No pudieron cambiar de caballos, simplemente no había, todos habían muerto o desaparecido. Por lo tanto eso retrasaría aun mas la marcha, debían dar descanso a las caballerías si querían llegar a Rivendel.

Desde que salieron de ZumaTemple, nadie había abierto la boca, sombríos, desolados con el pensamiento puesto en los seres queridos que habían dejado atrás, en los indefensos que ahora debían luchar por su vida, en los amigos que ya habían perecido. No había motivos para hablar.

El primer día de travesía debían acampar en los restos de lo que un día fue Womyoon ahora reducido a cenizas.

Esa noche no se encendió fuego, no sabían si había bestias rondando por los alrededores y no querían levantar la sospecha de que un grupo de soldados huía del cerco de ZumaTemple.

La noche era fría, como lo eran los augurios que todos sentían en sus cuerpos, ¿que estaría pasando en ZumaTemple?, el grueso del ejército estaba allí, pero a pesar de su evidente poderío quedaba minimizado ante el mayor número de enemigos que acechaban tras las puertas de palacio.

Todos sabían que eran cuestión de tiempo que los monstruos terminaran arrasando ZumaTemple, se podía retrasar su avance, pero nada mas, tarde o temprano caería en manos enemigas y entonces todo estaría perdido. Por eso el tiempo apremiaba. Y por eso estar acampados en Womyoon a la espera de que los caballos descansaran crispaba los nervios de los soldados, nadie decía nada, pero bastaba ver sus rostros para imaginar lo que todos pensaban.

El orgullo del ejercito UnderWorld no era ahora nada mas que una irrisoria ilusión, las ansias de poder de Kyo una quimera, la solidez mental de Sherpa una paupérrima utopía, la arrogancia de Teum una patraña, el dolor de Wongfey y Atreides por su hijo perdido una pesadilla y en fin el destino de un pueblo, de una raza las mas quimérica de las esperanzas.

Casi nadie durmió esa noche, se dormito, por que además de los caballos los humanos también debían descansar, por que no solo el camino era largo, sino la misión en si era dura y terrible y probablemente la ultima aventura de UnderWorld.