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Batalla por Sabuk – Atreides

La sentencia de pena de muerte para Sadan era firme, dictada por Kyo y refrendada por Sherpa y sus consejeros, la ejecución se organizo para el día siguiente. Esa misma mañana, con el cielo encapotado, amenazando tormenta, se coloco en la plaza pública de Sabuk el poste de la tortura. Este poste provenía de un tronco de haya de aproximadamente dos metros de circunferencia y cuatro de altura, con argollas en la parte superior e inferior donde se inmovilizaba a los reos. Utilizado por UnderWorld para sus rituales más sangrientos, se había grabado en la corteza del tronco runas siniestras que simbolizaban a la muerte y su desdicha. Eran las mil y unas representaciones que los humanos, a lo largo de los tiempos habían dado a Demon, Dios del Mal. El palo manchando de sangre seca de otros acontecimientos terribles atraía y producía repulsión por igual. Símbolo falico y terrible, el tronco se anclaba en el suelo en un circunferencia hecha para tal fin, de un metro de profundidad sobre el que se acoplaban placas metálicas para asegurar su estabilidad. Para colocar aquel palo en posición vertical se utilizaba un sistema de poleas y cuerdas perfeccionado por los magos que evitaba el uso de la fuerza bruta.

Una vez que el poste se halló en su posición, el ejercito UnderWorld en perfecta formación y ataviado como para una batalla, se coloco alrededor del mismo, también acudieron curiosos y sobre todo allegados de la familia de Carlos deseosos de ver cumplida la venganza sobre el asesino Sadan.

Sonaron tambores, la multitud congregada volvió la cabeza hacia la balaustrada que daba acceso al palacio por donde Sadan cargado con grilletes y cadenas y custodiado por la guardia, bajaba lenta y pesadamente las escaleras.

Despojado de sus vestimentas salvo por un taparrabos, arrastraba las cadenas por el suelo de la escalinata produciendo un ruido metálico que mezclado con el de los tambores hacia estremecer a muchos de los congregados.

Detrás, un chambelán portaba las vestimentas, arma y joyas de poder del reo, y detrás de este Kyo, Sherpa y los consejeros de UnderWorld, perfectamente ataviados, solemnes.

Sadan fue conducido hacia el palo de torturas y esposado a los grilletes superiores e inferiores, de tal forma que su cuerpo fue completamente estirado formando dos uves, una con sus piernas y la otra con sus brazos. En su cara se vislumbraba que la razón le había abandonado, sus ojos de dementes miraban burlones a la multitud y una sonrisa sardónica se escapa de sus labios. En el fondo la imagen era patética, a pesar de que se iba a arrebatar la vida a un hombre.

La multitud rugía encolerizada al ver al asesino de niños, se encendían las bajas pasiones, el morbo y la locura colectiva se apoderaba por momentos de la muchedumbre. Los guardias empezaban a tener problemas para contener a la avalancha de personas que cada vez en mayor número se arremolinaba en la plaza.

El chambelán se coloco frente al reo atado al poste y deposito sus pertenencias en el suelo, la primera parte de la ceremonia de muerte era la humillación y Sadan contemplo como sus pertenencias eras subastadas entre los magos de UnderWorld que pujaba alegremente por ellas. Pero Sadan no se inmutaba por el contrario continuaba sonriendo como un loco, aparentemente sin darse cuenta de su destino.

Cuando todos sus objetos cambiaron de dueño, Kyo se acerco al Chambelán entregándole un manuscrito lacrado. Este lo abrió y con voz clara leyó:

“Sabed, miembros UnderWorld, habitantes de Sabuk que, reunido el consejo, ha decidido lo siguiente:

-Sadan, miembro de nuestro ejercito, ha sido hallado culpable de alta traición, de asesinato y conspiración. Estas horrendos crímenes están castigados con la muerte y en el día de hoy esta sentencia se hará firme”

“Por el respeto a nuestros antepasados y en valor de nuestra norma se concede a Sadan la palabra por si quiere arrepentirse de sus pecados y unirse a Aries, Diosa del Bien”.

La muchedumbre miro expectante a Sadan por si este se decidía a hablar, por un momento el silencio se hizo sepulcral. Los ojos del asesino recorrieron todo la plaza observando al gentío. Luego miro al frente, su sonrisa se helo, su cuerpo se contrajo y de pronto una voz de ultratumba salio de sus labios:

“Temedme humanos –empezó a decir aquella extraña voz que no pertenecía a Sadan- el nuevo orden esta a punto de llegar, este pobre humano al que vais ajusticiar no es mas que un títere para mis propósitos, como tantos otros cegados por la codicia humana. Pero yo solo ansió reinar sobre este mundo y someter a vuestra débil raza a la esclavitud, temblad humanos soy EvilMir, y aquel que conoce mi poder ya no encuentra sosiego nunca mas”

De pronto la voz callo y en los ojos de Sadan volvió a brillar la locura y en sus labios se dibujo nuevamente una sonrisa de demente.

La multitud había permanecido callada mientras aquella voz hablaba por la boca de Sadan, aterrorizada miraba a aquel pelele atado al poste cuya voz gutural, sabían, no le pertenecía.

Kyo miro la escena atónito, incapaz de comprender que había ocurrido y como Sadan se había transfigurado en aquella voz. Debía tomar nuevamente las riendas de la situación o aquella ceremonia de muerte con la que pretendía acallar todos los rumores y satisfacer a la plebe seria un profundo fracaso.

“Es un truco de magos –dijo gritando Kyo- el EvilMir no puede salir de su encierro, no temáis, hay que ajusticiar al asesino y después volverá la paz a nuestro ejercito”.

“Muerte a Sadan –dijo una voz desde la multitud”.

Pronto mas voces se unieron a esta primera y al final el griterío termino aborregando a los allí presentes que nuevamente empujaban a los guardias.

Kyo dio la orden a su ejército de dejar la plaza de ejecuciones, cuando este se hubo retirado, dio la misma orden a la guardia, ahora entre Sadan y el enloquecido gentío no había nada. La gente comenzó a correr como posesos hacia el reo que viendo a aquel populacho acercarse hacia el, intento zafarse inútilmente de los grilletes que le mantenían inmóvil.

Algunos de los que corrían hacia el mago llevaban piedras que empezaron a lanzar hacia el cuerpo semidesnudo y maniatado, otros llevaban palos, hoces, cuchillos y un sin fin de artilugios que en aquellas condiciones eran mortales de necesidad.

Sadan recibió las primeras piedras que impactaron contra su rostro, otras contra su pecho, piernas, brazos, gritaba asustado y dolorido y se retorcía como una serpiente sobre el poste de torturas.

Cuando cesaron las piedras la multitud rodeaba ya el cadalso de Sadan y pronto se abalanzaron sobre el sin que se pudiera distinguir ya el cuerpo del mago mezclado entre los locos sanguinarios que le acechaban. Los aterradores gritos de Sadan eran audibles incluso entre los aullidos de locura colectiva que la masa lanzaba sedienta de sangre y venganza.

Poco a poco la caterva de locos fue abandonando las inmediaciones del poste de la tortura y fueron volviendo a sus casas, muchos llenos ensangrentados, pero la sangre no era suya, era la sangre de la venganza.