Juego Online Legend Of Mir 3

El Asedio – Atreides

CAPITULO XIV-EL ASEDIO

Ya había poco que hablar, era momento de pasar a la acción. Era mas que evidente que UnderWorld y sus aliados no iban a ceder las espadas a EvilMir pues caer en su domino era peor que morir, por lo tanto, los tres días de plazo que tenían para entregarlas debían servir para prepararse para el futuro inmediato. Al siguiente día de la visita de los asesinos los grupos de ejércitos mandados a asegurar las vías de suministro regresaron sin haber cumplido su cometido, un inmenso ejercito de bestias rodeaba la región de Sabuk, lo que hizo que ese mismo día GayLord regresara a Sabuk sin haber podido llegar a Ginko, es mas, un nuevo grupo de exiliados procedentes de esa ciudad pudo llegar a la ciudad. Ginko también había caído en poder del enemigo. Pero ese fue el ultimo grupo de desterrados que llego a Sabuk, estaban absolutamente rodeados, la única salida era el camino de ZumaTaurus y por allí ya pululaban un numero bastante grande de ZumaWarrior y ZumaArcher.

Sabuk se debía preparar para un asedio que probablemente acabaría con la raza humana sino se ponía algún remedio, pero las noticias del ingente ejército, que crecía día a día, no hacían presagiar nada bueno. Es más, las patrullas de reconocimiento que espiaban los movimientos de ese ejército hablaban que lentamente se iba estrechando el cerco sobre la ciudad de Sabuk.

Las defensas de Sabuk estaban intactas y el ejército era bastante numeroso, enrolados bajo el mando UnderWorld todos los supervivientes de los ejércitos humanos de Mir estaban prestos a defender la ciudad a costa de sus vidas si fuera necesario.

Al amanecer del tercer y último día dado por EvilMir para entregar las espadas se empezaron a vislumbrar las primeras unidades de la vanguardia de su ejército. Lentamente pero sin descanso el número de unidades de ese ejército fue poblando las inmediaciones de la ciudad. A mediodía, se mirara por donde se mirara el horizonte estaba cubierto de Monstruos, Bestias y Demonios, de todo tipo, de toda raza. La batalla final entre el bien y el mal estaba a punto de comenzar y la supervivencia de la raza humana estaba en juego.

La puerta Este de Sabuk daba al camino que se dirigía a ZumaTaurus, este camino era completamente inaccesible desde las otras entradas y no se comunicaba con ningún otro, llevaba a una porción de terreno bastante grande y sobre todo guarnecida, por lo que allí se colocaron a gran parte de los exiliados para evitar que el ataque con armas de largo alcance, si este llegaba a producirse, fuera mortal para ellos. Pero hubo de protegerse esa zona con empalizadas y barricadas para proteger ese improvisado campamento, por que se intuía que ZumaTaurus atacaría por ese flanco. Eso obligo a destinar a una parte de las tropas defensoras a defender ese posible ataque.

Las puertas Sur y Oeste fueron reforzadas con planchas BlackIronOre que los herreros fueron forjando, así se intentaba evitar que estas fueran pasto de las llamas. Además detrás de las puertas se habían colocado barricadas para en el caso de que cedieran el avance del enemigo fuera lo mas arduo posible.

En las almenas y en los caminos superiores de la fortaleza de Sabuk fueron tomando posesión los arqueros de la guardia ayudados por cualquiera que supieran tensar un arco o armar una ballesta.

Los miembros de los ejércitos iban y venían impartiendo órdenes, afilando sus armas, enfundándose en sus armaduras. El nerviosismo se palpaba en el ambiente, la tensión hacia estallar a cada momento la ira, cuando no el miedo. Pero estar ocupado era la mejor manera de olvidarse que la muerte acechaba, de que quizás el fin estuviera cerca.

Por fin llego la noche del tercer día, la oscuridad de la noche se iluminaba por las hogueras encendidas por el ejército de bestias que asediaban Sabuk. En el interior de la ciudad apenas unos pocos candiles iluminaban los accesos a las murallas.

Fuera el estruendo era enorme, las bestias gritaban, aullaban en un incesante movimiento en apariencia caótico. En el interior el silencio empezó a dominar la ciudad, el silencio del sobrecogimiento, de la espera. Familias enteras apuraban las últimas horas de la noche pensando que quizás fueran las últimas que podían compartir con sus seres queridos.

Así transcurrió aquella noche, fuera el terror proclamándose a los cuatro vientos, dentro el silencio y la oscuridad. Nadie durmió aquel día, el ruido y la tensa calma no lo permitía.

Las tropas de EvilMir se encontraban a unos trescientos metros de la muralla de Sabuk, y cuando clareo el cuarto día desde que se dio el plazo de entrega de las armas, las ballestas y catapultas de los atacantes empezaron a escupir su carga mortífera.

Las grandes flechas y las piedras lanzadas silbaron cortando el aire, iban impregnadas en aceite hirviente y dejaban en su trayectoria un reguero de humo, ceniza y chispa. Los primeros impactos se produjeron en las puertas de la ciudad tanto del Sur como del Oeste, pero aunque la madera empezó a arder, las planchas metálicas aguantaron perfectamente los impactos. Pronto el cielo se cubrió de proyectiles mortíferos que comenzaron a caer en el interior de la ciudad, incendiando casas y comercios, la ciudad era una tea ardiendo por los cuatro costados. Pero las murallas y las puertas aguantaban bien.

El bombardeo duro hasta el mediodía, entonces las armas de larga distancia enmudecieron. Sabuk era una columna de humo y fuego que ascendía por el horizonte, los hombres y mujeres que allí se guarecían se tapaban la cara con pañuelos y capas impregnadas en agua para no inhalar el nocivo aire que impregnaba la ciudad.

En el exterior las tropas enemigas comenzaron a gritar como posesas mientras observaban a la ciudad consumirse entre las llamas. Pero los daños a humanos y a los suministro habían sido escasos.

De repente un grito de alarma que provenía de la puerta Este puso en alerta a Underworld y sus aliados. ZumaTaurus atacaba la ciudad por esa puerta, los refugiados que no podían portar armas corrían despavoridos al interior de la ciudad sin importarles el fuego o el humo. El ejercito de Zumas comandados por su líder amenazaba con entrar a la ciudad. Los ZumaArcher fueron diezmando a los que corrían al interior, en su mayoría campesinos, mujeres y niños que caían antes de alcanzar el objetivo, la matanza de gente inocente era brutal y sangrienta. Había que desplazar más hombres a aquella zona, pero tampoco se podía desguarecer las murallas de la ciudad. Los defensores de la zona este aguantaban a duras penas los ataques de los ZumaWarrior y sobre todo del propio ZumaTaurus que lanzado hechizos de fuego iba destrozando las barricadas y empalizadas puestas con el fin de defender la zona. Se reforzó el flanco Este con nuevas unidades de UnderWorld y se contuvo el ataque, pero si querían derrotar a ZumaTaurus se deberían desviar más hombres aquella puerta. Ese fue el momento que los atacantes eligieron para intentar un asalto masivo.

Primero utilizaron a sus magos, especialmente FlammingMinos y ThunderMinos con ello intentaban que los arqueros de Sabuk no pudieron lanzar sus flechas, estos a duras penas podían realizar su labor, pues debían ocultarse a los rayos y hechizos de fuego que se realizaba desde el exterior de la ciudad.

Para equilibrar el ataque, los defensores colocaron a sus magos en las murallas y parecía que conseguían detener los furibundos lanzamientos mágicos del ejército enemigo. Pero la situación comenzaba a ser insostenible, por la puerta Este el ataque de los Zumas se hacia indefendible, no se podían mantener tantos flancos abiertos. Lentamente los Zumas estaban rompiendo las defensas y comenzaban a penetrar en la ciudad, si eso ocurría estaría todo perdido. Los guerreros de Sabuk corrieron a contener el ataque del flanco Este, los Taoistas debían dividir sus fuerzas ayudando en todos los frentes de batalla abierto, envenenando a los atacantes y curando y resucitando a los defensores, pero era tan ardua la tarea que no podían actuar todo lo rápidamente que era necesario.

En el momento en el que se desviaron unidades del ejercito a la puerta Este una nube de Wegde ataco las murallas de la ciudad, estas criaturas aladas, no eran excesivamente poderosas pero poseían la capacidad de inocular un veneno que paralizaba momentáneamente a sus victimas, los magos que defendían las murallas tenían que atender a los Wegde y a los atacantes terrestres. Por doquier se entrecruzaban hechizos que subían y bajaban por las murallas, la única ventaja evidente de los humanos eran los taoistas, pues al poder revivir a los caídos las bajas eran muy limitadas.