Juego Online Legend Of Mir 3

AquaTaurus, el martirio de la eternidad – Tujuru

“El calor es sofocante… se que voy a caer aquí mismo… no puedo más… Lo oigo de nuevo, pero no lo dice nadie… es mi desquiciada mente que repite una y otra vez aquellas palabras que encontré en aquel maldito pergamino… ¿Por qué le haría caso? Sabía que esta aventura iba a ser demasiado.

“Un latido más a la inmensidaddad y uno menos para soñar… búscame y hallarás la eternidad”. Sonaba tan bien… pero ya no logro avanzar ni un metro más. Debería de haber entendido desde el principio que el desierto iba a ser demasiado duro para mi… Se acerca mi fin… No consigo manter ni los ojos abiertos… se cierran poco a poco…

Pero, ¿qué es aquello? ¿De dónde ha salido? Parece que tira de mí, como si estuviese absorbiendome. ¿Qué ocurre? AAAAHHH!!!”

Se levantó en la más inmensa oscuridad. ¿Dónde estaba? ¿Había muerto? No, el dolor de todo su cuerpo persistía, no podía estar muerto. Entonces, ¿qué debía ser aquel sitio? Era necesario levantarse e inspeccionar un poco este lugar, pero… no tenia fuerzas para avanzar demasiado y menos con esta total falta de visión. Si tuviese al menos algo con lo que iluminar la zona estaria más… “ESPERA, CLARO!!”. Rebuscó entre sus provisiones dentro de una ajada bolsa y sacó un palo largo de madera, envolvió uno de los extremos con un vendaje y con un simple movimiento de manos lo hizo arder.

No consiguió alumbrar demasiado el territorio, pero lo suficiente como para darse cuenta de que no era un sitio normal. Tenia pinta de encontrarse en un navío viejo y abandonado o más bien undido. ¿Cómo había acabado en alquel sitio? Hacía unos minutos estaba apunto de morir en el desierto y ahora parecía estar en otra dimension, en otro mundo. Pensó que lo mejor sería restaurar sus fuerzas y ya después avanzar e investigar un poco más donde estaba, pero ya no le quedaba nada de comida y tampoco agua, ¿Qué iba ha hacer? Levantó lo máximo que pudo la antorcha que había hecho para ilumnar un poco más la zona a ver si podía encontrar algo.

A lo lejos vislumbró una figura que parecía humana, pero no aparentaba percatarse de su presencia. Pensando que no lo había visto o que estaba dormido gritó para que se girase, pero seguía sin moverse, inerte, simplemente quieto, sin hacer ni un simple gesto o mover un músculo. Volvió a gritar, y el resultado fue el mismo, así que decidió acercarse poco a poco a el. Enseguida se dio cuenta de porque no se movia ni contestaba a sus gritos… estaba muerto, y no solo él. Cerca había más cuerpos sin vida, unos mas descompuestos que otros, y lo que más le asustaba, todos con la misma postura y con un corte enorme en horizontal a la altura del pecho en sus vestiduras. Se puso frente a uno de ellos y lo examinó más detenidamente. No aparentaba que hiciese mucho tiempo que habia fallecido por su estado. Se podía observar aun en su rostro un gesto de horror extremo, con su boca y ojos de un blanco vacio totalmente abiertos, como si intentasen aun gritar aquello que le había arrebatado la vida. Al bajar un poco la vista, se dio cuenta de que a sus pies había un trozo amarillento de papel. Lo cogió con cuidado, lentamente, casi como asustado, y lo leyó con voz muy debil.

“Un latido más a la inmensidaddad y uno menos para soñar… búscame y hallarás la eternidad”. Todo se paró, el miedo se lo tragó por completo. Se había quedado completamente helado y petrificado, le faltaba el aire… no se lo terminaba de creer. De nuevo esa maldita frase le perseguía. Era lo último que pensaba encontrarse escrito allí. Miró de nuevo el papel asustado y con los ojos muy abiertos, dispuesto a volver a leer lo que estaba impreso con aquella letra tan clara y conocida para él. No podía entender porque tenia aquel papel ese hombre. ¿Qué estaba pasando? ¿A caso era una pesadilla? Miró una vez más el papel detenidamnete… parecía que también habia algo escrito en la otra cara, la giró lentamente y leyó.

“Debes aprender a perder en cada paso que das”.

La frase no era muy alentadora y daba la impresion de que había sido escrita mucho después que la otra, además con un tono rojizo bastante desagradable y aterrador. Dejó caer el papel a los pies del cuerpo muerto y le echó un vistazo por encima al resto de los que podia ver por allí. Todos tenia un papel bajo sus pies. Cogió unos cuantos del suelo y los leyó. Todos traian escrito el mismo mensaje por delante y por detras. Se quedo atónito con aquello… todos aquellos hombres y mujeres parecían haber llegado hasta allí de la misma forma que el lo habia hecho y ademas mostraban los mismos signos de pánico y terror en sus rostros.

Se estaba poniendo muy nervioso y cada vez le costaba más respirar. Tenía que salir de allí como fuese y olvidarse de todo aquello. Pero ¿Cómo salir si nisiquiera sabía como había llegado a aquel lugar? Miraba de un lado a otro buscando algun indicio que le pudiese dar la mínima idea de como salir de aquel barco en ruinas, cuando a lo lejos vio una luz intermitente y lúgubre. Parecia un candil casi apunto de apagarse traspasando la ventana sucia de un camarote del barco. Se acercó cuidadosamente dispuesto a encontrar algo que le pudiese ayudar a salir con vida de aquel lugar lleno de cadaveres. Entró en el camarote y lo observó atentamente. Estaba totalmente destrozado y no parecía que hubiese entrado nadie alli en mucho tiempo. Había una cama destartalada a la izquierda de la puerta, a la derecha una estantería con algunos libros muy viejos y justo al frente una ventana sucia. Bajo ésta se encontraba una mesa donde descansaba el candil que habia visto desde fuera y justo al lado un pequeño libro negro con unas letras doradas donde se podia leer “cuaderno de bitacora del capitán”. Era lo único que no aparentaba que estuvise marcado por el caos y el paso del tiempo en aquel cuarto. Dubitativo y sorprendido lo abrió. Daba la impresión de que le habian arrancado muchas ojas, tantas que solo quedaban unas tres, simplemente las últimas de todas…

“He conseguido vencer mil tormentas buscnado la tierra que un día dejé. Siempre esperando en el cielo la estrella que alumbre el camino que me haga volver. Y con el viento cruzar este mar que tanto cuesta recorrer, y volver a respirar el aire del lugar que me vio nacer. Perdí mi rumbo y a cambio del alma robé la grandeza que tiene este mar. Fui condenado a vagar sin destino, vacio y errante sin puerto ni hogar. Es mi prisión el mundo entero sin tierra que pueda algún día volver a pisar…

Voy a entregar hasta el ultimo aliento que quede en mi vida en poder regresar, aunque camine por siempre en tinieblas y mi única luz se apague en mi soledad. No dejaré mi memoria al destino que haga que olvide mi puerto y mi hogar, ni rendiré mi valor ni mi sangre… lucharé más allá del umbral del horizonte, allí donde nunca me alcance la tempestad, buscaré la tierra que el mar esconde. Porque solo mi esperanza es la muerte, y mi castigo es la eternidad. Alcanzaré mi libertad aunque caiga, y luchare por toda la eternidad…

Más si al final pierdo la ilusión, hasta el fin de mis dias pagaré mi penitencia con golpes de dolor y terror de todas las almas que osen buscar aquello que yo conseguí. Me llevaré sus vidas con los ecos de una canción, sin sufrir, sin temer, sin dudar. Porque…”

El último trozo lo había arrancado alguien de aquella hoja, pero pronto iba a saber que era lo que rezaba aquel fragmento… Sin que se percatara, un ser extraño cubierto con una armadura dorada y armado simplemente con una espada le susurró al oido: “Debes aprender a perder en cada paso que das”.

Levantó su espada y le perforó el pecho con un corte en horizontal, llevandose asi su alma al otro mundo. Después dejó caer a sus pies un trozo de papel…

“Un latido más a la inmensidaddad y uno menos para soñar… búscame y hallarás la eternidad”.