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La Alianza – Atreides

CAPITULO XIII – LA ALIANZA

Sabuk estaba a rebosar, no cabía ni un alma mas, y lo peor, las reservas de comida no durarían mucho.

Los corazones se sobrecogían ante la llegada de las familias cargando los pocos enseres que el camino les había permitido llevar. El pánico en sus caras, el polvo del viaje en sus mantos, la crispación en sus miradas, los llantos de los niños. Los sonidos de Sabuk en aquellos días aciagos eran el miedo y la pena.

UnderWorld solo tenia tiempo para nada más que organizar aquel perfecto caos en que se había convertido su ciudad y refugio. Los exiliados excedían con mucho las murallas de la ciudad y poco a poco alrededor de las mismas se fueron creando campamentos improvisados. Había que suministrar alimento y agua a aquellas familias y evitar los enfrentamientos y robos entre unos y otros. Así, un ejército de combatientes legendarios se convirtió en un ejército de despenseros, abandonando las armas por la caridad.

Sherpa contemplaba aquella situación con la más honda preocupación, el enemigo estaba venciendo prácticamente sin plantear batalla, desde las sombras una mente asesina estaba planificando aquello con suma precisión. No tenía por que enfrentarse a los ejércitos, usando el miedo y agotando las reservas le bastaba para desestabilizar a todo un mundo. Que frágil se sentía Sherpa en aquellos momentos sin poder dar cobijo y ayuda a todos los peregrinos que llamaban a la puerta de Sabuk.

Kyo, por su parte, estaba desconcertado, su victoria ahora parecía pirrica, y ya no tenía mundo al que gobernar, o mejor dicho el mundo que podía gobernar estaba encerrado en unas murallas y él atrapado dentro. Ahora sentía que Sherpa tenía razón y que su ceguera y ambición habían hecho posible aquel desastre. Sin embargo sentía que debía reaccionar, que todo su ejército debía hacerlo.

Sherpa y Kyo se encontraron los dos solos en la sala de reuniones, había tanto trabajo por hacer que no eran posible quitar a los consejeros de sus nuevos quehaceres. Además Sherpa y Kyo sentían la necesidad de hablar a solar, de limar las asperezas que había surgido últimamente. Recostados en cojines hechos con plumón de Wegde y tomando una bebida caliente, se miraban de soslayo sin atreverse aun a hablar.

Kyo rompió el silencio

“Quizás tuvieras razón, quizás yo este equivocado, es el momento de pasar a la acción, pero los acontecimientos nos están desbordando”

Sherpa no contesto inmediatamente, apuro el contenido de su bebida hecha a base aguardiente de caña y miel, luego miro a su amigo y sonrió amablemente.

“No es momento de culpas sino de reflexión, el camino que nos queda es duro, pero juntos podremos hacerlo. Debemos unir a los ejércitos en un solo e incluso contar con los vencidos”

“¿Con los vencidos? –Dijo Kyo- entonces ¿De que habrá servido nuestra victoria?”

“Que importan las victorias ahora –contesto Sherpa- tu crees que a la gente que acude a nosotros como su ultima esperanza le importa nuestras luchas, a ellos solo les importa pervivir, recuperar su modo de vida y poner a salvo a sus familias, olvidemos a los vencidos y dejemos de comportarnos como vencederos, salvemos este mundo después ya veremos”

Kyo desvió la mirada, sabia que Sherpa tenía razón, pero le costaba asimilar que una victoria sobre sus enemigos se quedara en agua de borrajas, tanto esfuerzo para nada, tantas muertes inútiles, los compañeros caídos…

“De acuerdo, sea como tu dices” –termino diciendo Kyo-“

“Bien, lo primero tenemos que hablar con Borz y Mesyas y después intentar reunir a su gente y a los demás ejércitos”

Hablar con Borz y Mesyas, cuanta hiel debía tragar Kyo, sabia que no le quedaba mas remedio, pero también sentía nauseas ante la idea.

“De acuerdo, pero yo me ausentare, lleva tus las negociaciones, si estoy presente no llegaran a buen puerto”

Kyo abandono la sala y Sherpa hizo traer a su presencia a los dos ex-cabecillas de GayLord. Estos habían permanecido semanas en su encierro dentro de las mazmorras de Sabuk, por eso Sherpa indico a los guardianes que les dejaran asearse y que comieran abundantemente antes de comenzar su reunión con ellos.

Por fin, Borz y Mesyas hicieron acto de presencia en la sala de reuniones. En sus rostros se evidenciaba el cautiverio, demacrados y un tanto desnutridos, pero en su mirada aun guardaban la mirada altiva de los que un día fueron caudillos. Sherpa les invito a que tomaran asiento e indico a los guardias que los habían traído a que abandonaran la sala. Luego les sirvió la misma bebida caliente que el había tomado y les dejo un tiempo en silencio para que sopesaran la nueva situación.

Borz fue el primero en hablar, antes de la guerra sentía la misma simpatía por Sherpa que odio por Kyo

“Y bien, Sherpa, que quieres ahora, es extraño que nos hagas venir aquí, cual es el propósito de todo esto”

“Bueno supongo, que hasta en los calabozos mas profundos llegan algunas noticias de lo que ocurre en exterior” –dijo Sherpa-

“No te equivocas, Sherpa –continuo Borz- parece ser que las bestias campan a sus anchas por Mir”

“Es cierto, nuestro mundo esta amenazado, como no lo ha estado nunca, y las luchas entre humanos deben acabar aquí y ahora. Sabuk no es más que una ciudad de refugiados y salvo los pueblos del norte, de los que no tenemos noticias, solo esta ciudad y Ginko permanecen libres, las demás están arrasadas o desiertas, los caminos no son seguros para nadie y no tenemos suficientes hombres para controlar esta hecatombe. Os pido ayuda, a vosotros y a vuestros hombres, no para que ayudéis a UnderWorld sino a nuestra raza común. Para ello os propongo lo siguiente, liberare a vuestros hombres, y os daré libertad para que reunáis a todos los que andan dispersos o escondidos, podréis volver a llevar vuestras enseñas y recuperar vuestro prestigio, solo os pido una cosa a cambio, las ordenes las daré yo, vosotros solo tendréis poder para controlar a vuestra gente, pero las acciones las dictara UnderWorld”.

Borz y Mesyas intercambiaron miradas, después hablaron en voz baja, inaudible para Sherpa y por fin pasados unos minutos, que parecieron interminables, Borz hablo por los dos líderes.

“Bien parece que no tenemos otra opción y al fin al cabo tenemos que defender a los nuestros, pero dime, que pasara después.”

“Después, preguntas –dijo Sherpa- tal vez no haya un después, pero si quieres una compensación a cambio, la tendrás. Conservaras tu ejército, y se os devolverán vuestras posesiones, pero bajo ningún concepto estaréis autorizados a reclutar más miembros dentro del ejército, estaréis bajo la tutela de UnderWorld y no tendréis ningún ansia expansionista. Estáis de acuerdo”.

“Estamos de acuerdo –dijo Borz- sellemos la alianza”

Los tres líderes se levantaron y se estrecharon las manos, solo eso bastaba para firmar un acuerdo, pues la palabra de un soldado era la mejor promesa de fidelidad que este poseía.